ARQUITECTURA COMO LENGUAJE DE UN TERRITORIO


En la costa de la provincia de Lugo, en una península de roca granítica que se adentra en el mar cantábrico, se encuentra el puerto de San Ciprian de Cervo.
Un territorio que emerge como duro y pulido callao entre las costas arenosas del Cantábrico.

Un territorio que en la antigüedad fue reconocido como lugar de piedra, aun hoy algunos de sus topónimos son nombres identificativos de su simbolismo original: Gaiosa, Caosa, Roma.

Esta mano de piedra sobre el mar fue habitada por pueblos de pescadores que gobernaban sobre las aguas bravas y los seres que las habitan.

Celtas de los Castros, romanos de la Callaecia, gallegos de la Mariña.

Pueblos devotos de la diosa que se encarna en una piedra con forma de sagrado callao: Nabia, Cibeles, Carmen. La diosa llegada por mar en un viaje sagrado para proteger el territorio de sus devotos.

Aun hoy en día, Carmen y Ciprian son fieles representaciones de los cultos antiguos repetidos por siglos, aun hoy ellos peregrinan por entre veredas de arena y roca granítica para señalar a todos donde emerge el agua pura, dulce y sanadora.
El lugar donde “Laia” protege a sus devotos haciendo brotar la fuente santa. Fuente del lugar de Lieiro.

Los pueblos que habitaban el territorio de esta roca sacra dominaban a los seres más poderosos del mar, los leviatanes más grandes varaban vencidos en la arena de las playas manchando con sangre su blancura. Sangre que fecundaba la vida sobre la piedra, ofreciendo la oportunidad para el surgir del conocimiento.

Siglo tras siglo estos hombres supieron trabajar la materia que les hacia fuertes. Dar forma a la piedra y levantar con su propio lenguaje una arquitectura identitaria de su territorio. Piedra sobre piedra formando habitación, industria, altar, comunidad.

Hoy, tras cincuenta años de lucha perdida contra la especulación absurda, las ruinas de una factoría de salazón abandonada a principios del siglo XX son herederas de esta arquitectura vernácula y verdadera. Un lenguaje propio escrito en piedra de un territorio hoy herido.

Podemos leer en los muros levantados en el siglo XIX el recuerdo del oficio de los maestros canteros del Castro de Atalaya. Podemos leer en la planta de la factoría el recuerdo del conocimiento de los arquitectos romanos sobre esta industria asociada al mar.

Muros levantados con geometría, en roca viva y sobre un mar generoso. Una arquitectura como lenguaje de un territorio.

© Carlos Sánchez-Montaña - 2010































© Carlos Sánchez-Montaña - 2010




Otras imágenes:

ENLACE:
SAN CIPRIÁN "PENÍNSULA DE LA PAZ"





.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada