CUANDO LUGO QUISO SER MODERNO.
1930 - 1939


El principio de los años treinta en España significó la oportunidad de desarrollar una nueva sociedad.
La arquitectura de la primera modernidad fue, entre otras valoraciones, respuesta formal de sus promotores a los nuevos papeles a jugar en la representación social.
Lugo, ciudad de carácter tradicional y conservador, ocupaba un lugar de periferia dentro del conjunto del estado. Sin embargo en ese momento generalizado de ruptura con la tradición existió una producción arquitectónica de valor dentro de la comunidad gallega, y con mayor representación que la que le correspondería.

El artículo propone el análisis de las condiciones que pudieron hacer posible este efímero momento en que la ciudad y algunos de sus habitantes quisieron ser modernos, e intentar responder a la pregunta de como fue posible y que condiciones les favorecieron. Propongo a través de este texto argumentos para completar el puzzle que formaron entre sí los autores y sus clientes y lo que sus obras representaron en ese momento en la ciudad en que actuaron.


LUGO 1930
La crisis mundial de 1929 produce el regreso a la provincia lucense de una gran parte de la población que había emigrado hacía América en los años anteriores, la ciudad alcanza en el año 1936 una población de 33.000 habitantes, para en los tres años siguientes de la guerra civil sufrir un crecimiento negativo.

La población de la provincia se concentra en la capital teniendo el resto de la provincia una población envejecida. Las remesas financieras de la emigración de americana producen una transformación de la producción agraria que se especializa en cultivos forrajeros y en superficies dedicadas a pastos para alimentación animal. Lugo es en el decenio de los treinta el principal productor nacional de ganado vacuno.

En el año 1928 la estación de ferrocarril de la ciudad es la única de España de la que sale un tren ganadero diario. El ferrocarril es pieza fundamental en la economía de la ciudad. De manera similar se produce la salida de otros productos agropecuarios complementarios a la carne por carretera. Los intermediarios agropecuarios son la nueva clase dirigente urbana. Sus excedentes económicos son en una parte importante invertidos en la ciudad en nuevos inmuebles de viviendas para alquilar.
El regreso de emigrantes desde América y los excedentes financieros de los intermediarios generan nuevos flujos en una sociedad de carácter endogámico.

NUEVOS ARQUITECTOS EN LA CIUDAD
La llegada a Lugo a finales de los años veinte de los recientemente titulados en la Escuela de Arquitectura de Madrid, Eloy Maquieira y Alfredo Vila, compañeros de la llamada generación del 25, trajo una nueva manera de construir próxima al estilo racionalista que se producía en Europa y que era difundida por las revistas internacionales de arquitectura a las que estaban subscritos.
Eloy Maquieira arquitecto municipal recibe varios encargos de uso público que le permiten presentar su nueva arquitectura en la ciudad. Alfredo Vila, su compañero y amigo, trabaja de forma libre en varios proyectos que han sido seña de identidad en la ciudad durante el siglo XX, como el desaparecido Edificio del Gran Teatro.
Entre otros, algunos de los edificios de iniciativa o uso público de este momento fueron:

Sanatorio Alonso Pimentel – 1932



Gran Teatro . 1932

Escuela de Trabajo – 1935

Mercado de Abastos – 1936

Estas obras dan a los jóvenes arquitectos notoriedad y les granjean la confianza de los promotores que en poder de excedentes financieros y en unas condiciones favorables gracias a la “Ley Salmón” de 1935 (1) apuestan por los activos inmobiliarios como mejor manera de inversión.
Las obras de edificios de viviendas para alquilar que se realizan se emplazan en las vías de acceso que determina el crecimiento suburbano de la ciudad. También la zona de ensanche dentro de murallas recibe las nuevas promociones.
Estos edificios ocupan en una altísima proporción solares en esquina, esta circunstancia permite que las nuevas edificaciones tengan un gran protagonismo en la renovación de la imagen urbana.
Configurando una nueva ciudad, el “Lugo Moderno”.

Avenida de A Coruña                                                                          

Plaza de Santo Domingo

Plaza de España

Montero Ríos

¿QUIEN ES MODERNO EN LUGO EN LOS AÑOS-30?
 En una sociedad tan tradicional como la lucense del siglo XIX, en la que los estamentos eclesiásticos tienen una presencia muy importante y en la que la endogamia social y cultural es muy acusada todavía en los primeros años del siglo XX,  los comportamientos “modernos” son fácilmente reconocibles.
La provincia de Lugo mantenía en los años veinte los últimos lugares del PIB nacional y de manera similar al económico, la actividad cultural no tenía significación en la Galicia de la época. La apuesta por la “nueva arquitectura” se produce por la coincidencia de personalidades que apuestan por lo nuevo como camino de proyección personal y social. La necesidad de ser diferente como camino de identificación.

Los jóvenes arquitectos que olvidan los fuertes condicionantes sociales y apuestan por nuevas realizaciones, sus clientes que, en un momento económicamente difícil en el ámbito nacional, encuentran una forma de poner en juego los recursos tradicionales existentes en su entorno y producir unas grandes plusvalías.

Los promotores de esta “nueva arquitectura” apuestan por el ferrocarril, el automóvil, y sus mercados están lejos de Lugo, en Madrid y Barcelona. Crean nuevas estructuras empresariales que permite construir nuevos canales de comercialización en el exterior de Galicia y que a la vez permiten flujos de retorno de la modernidad desde las grandes urbes.

Ser moderno en el Lugo de esta época no es una postura epidérmica, los protagonistas de este momento tan importante de la ciudad tiene la naturalidad de un comportamiento adecuado al momento que viven. Ser moderno implica una clara identificación con la arquitectura propuesta por los nuevos arquitectos, y las nuevas formas urbanas se convierten en seña de identidad personal de sus promotores.

Estos edificios representan un momento en que Lugo, y algunos de sus destacados ciudadanos apostaron por la modernidad.


(1)     LA POLÍTICA DE VIVIENDA EN ESPAÑA DURANTE LA REPÚBLICA
La Ley de 25 de Junio de 1935 (“Ley Salmón”), cuyo propósito era combatir el paro, fomentando la construcción por medio de exenciones fiscales, supuso un notable incremento en la solicitud de licencias para edificaciones de nueva planta y una clara recuperación del mercado inmobiliario en el año 1935.
Los arquitectos encontraron de nuevo trabajo en la construcción de casas de alquiler y no sólo en la de pequeños hotelitos de una planta. A este renacido impulso se debe precisamente uno de los episodios más notables de la arquitectura que tuvo especialmente en los ensanches de las ciudades donde quedaban grandes zonas por edificar, amplio campo de experimentación: el conocido "estilo Salmón", versión, como escribe Alonso Pereira, "doméstica y popular que adoptará la última fase del racionalismo español con sus elementos canónicos reiterados, popularizados y a menudo trivializados". Episodio breve, porque el gobierno de radicales y cedistas se mostró, con el paso de los meses, una fórmula inestable y condenada a intermitentes crisis.  Con la Ley de 19 de abril de 1939 se creó el Instituto Nacional de la vivienda, instrumento básico de la política de vivienda en el régimen de Franco. El Estado trató de fomentar la construcción de viviendas mediante la concesión de viviendas denominadas “protegidas”, “bonificables”, de “tipo social”, de “renta limitada” y “subvencionadas”. Se fijaron los beneficios otorgados a las “viviendas protegidas”. Manteniéndose durante los primeros años cuarenta la línea de impulso que surgió en la época republicana.


CARLOS SÁNCHEZ-MONTAÑA
ARQUITECTO


1 comentario:

  1. Que articulo tan completo felicidades, muchas gracias por brindarnos toda esta información, que imágenes tan hermosas.
    Saludos

    ResponderEliminar